Mi nombre
es Martín, y he experimentado la sensación de una hipoacusia de grado severa al
colocarme unos cascos con ruido blanco durante una hora.
Durante este tiempo, tuve conversaciones con dos
amigas y pude comprobar de primera mano lo que se oye, percibe y siente una
persona con este tipo de problema.
Lo primero que me di cuenta es que, sin saberlo,
para "oírlas", les leía los labios a mis emisoras, y que, si
ocultaban sus labios, casi no entendía nada.
Una de ellas, de 19 años, posee un tono de voz
agudo, por lo cual a ella la oía mejor, pero a mi otra emisora, de 27 y con un
tono más grave, me dificultaba entenderla.
Si alguna de ellas cambiaba el enfoque al
hablarme (no estábamos cara a cara), "oía" menos.
Si yo me concentraba en otra tarea y ellas se
dirigían hacia mí, era como si nunca me hubieran hablado.
También me di cuenta de que gracias a la memoria
auditiva que tengo de mis amigas, puedo asociar lo que creía oír con la labio
lectura y crear las palabras correspondientes. Pero aun así me
equivocaba.
Al terminar esta prueba, ambas me han dicho que
mi tono de voz, grave y de volumen alto, había bajado considerablemente. Y debo
reconocer que yo me escuchaba como por dentro, como si mi voz solo resonara
dentro de mí, pero sin poder salir fuera.
Mis conclusiones realmente fueron muy
satisfactorias, porque pude "empatizar" por 1 hora lo que siente una
persona que oye este tipo de ruido constantemente, 24 horas al día los 365 días
de año.
Sentiría rabia, frustración y creo que mi
autoestima bajaría considerablemente al no poder relacionarme con los demás de
manera normal y en mi vida cotidiana.
Creo que un sonido constante como éste, por el
resto de mi vida, me condicionaría, pero buscaría algún tipo de ayuda para
contrarrestarla, o por lo menos, intentar llevar una vida lo más
"normal" posible.
Estudiante 2º curso Audiología protésica I.E.S. Moratalaz